“CAMBIEMOS ORIHUELA”: Amortiguar el Odio y abrazar la Esperanza

Y me dijeron que se movían vientos de cambio, vientos del pueblo. Que se movían con alegría los brazos, herramientas de trabajo en los lares oriolanos. Me decían que era posible un cambio y que todas y todos sumamos en este proyecto. Me dijeron que había que ser valientes y tener la voluntad de dar un paso adelante.

Me dijeron que era el momento y que había que comenzar a tomar aire, acumular fuerza, arropar la esperanza como luz nueva y cotidiana. Me dijeron y me dicen hoy que “Cambiemos Orihuela” es un proyecto de la gente, hecho por la gente y donde la gente es partícipe y artífice del cambio.

Todo aquello, entre otras muchas cosas, fue lo que me dijeron y fue lo que yo sentía y percibía en las asambleas, hasta que un día tomé una decisión. Di un paso al frente y vi que era necesario, asumiendo ese pesimismo de años de análisis y de inteligencia improductiva, enfrentar y superar ese escenario miserable, ese páramo sin anestesia, con un optimismo de cambio, de voluntad para dar un paso y decir me implico a este proyecto.

Después y durante, mucho trabajo y aún seguimos. Un amigo con una voz interrogativa, que buscaba una respuesta inmediata, descriptiva y sintética, y por ello aún más difícil la respuesta, me dijo:

– “¿Por qué apoya Cambiemos Orihuela?”. Y le contesté:

Considero que es la actitud la que me mueve a obrar. La idea de que no soy un loco que piensa aislado y solo que otro mundo es posible, que otra forma de hacer política que incluya no excluya es realizable. Una construcción cotidiana de fines que aborden la totalidad. Fines colectivos que hagan posible el desarrollo de un telar, un “telos”, un sentido, un fin colectivo, en el que todas y todos participemos buscando la igualdad material y real. Donde el modelo de sociedad que desarrollemos juntos sea constituyente en derechos frente al modelo destituyente neoliberal que se da en la actualidad que desmantela las conquistas sociales conseguidas años atrás gracias a nuestras abuelas y abuelos.

Un modelo que aporte calor, no frío. Un modelo que sea un diálogo y no un monólogo. Un modelo que sea horizontal no vertical. Un modelo agregador de demandas de la gente y con la participación de la propia gente en él. Un modelo de participación, democracia y transparencia que se desarrolle a corto plazo, siendo una chispa de luz (que empuje) que plante el fruto común, que reparta riqueza, trabajo y bienestar colectivo y que siendo posible esa igualdad material, podamos alcanzar juntos esa emancipación, esa libertad.

Una actitud que me marca, que nos marca. Más allá de carnets y siglas. Una actitud que conecte centro y periferia. Una actitud gótica frente a una actitud románica: La actitud románica es sombría, cerrada, húmeda, fría, monologista, pesimista. La actitud gótica es luz, abierta, transmite calor, dialoga, es optimista. Una actitud entendida como un círculo cerrado: que desconecta, atomiza, nos separa. Mientras que la otra es una actitud con forma de círculo abierto: Un círculo que conecta, relaciona, nos une.

Estamos acostumbrados a un modelo de círculo cerrado, donde las relaciones sociales desde el 89 se han ido transformando, es una unidad privada y cerrada entre el hogar (Familia), el trabajo (Empresa) y la misa (Iglesia). Ese modelo ha fracasado y no sirve. Desconecta esos lazos afectivos, esas relaciones humanas. Un modelo caduco en el cual las elites se emancipan de las bases y las bases asumen su miserable realidad y su quietud. Y se sienten culpables de su desgracia. No sirve y además nos mata lentamente. Es la muerte lenta, como se consume un brasero.

Planteamos un modelo de círculo abierto: Participativo, donde conectemos la Sociedad Civil con el Estado y con la Familia (hablando en términos clásicos). Esa es la actitud que me mueve, que nos mueve y la actitud que me hace estar aquí apoyando “Cambiemos Orihuela”.

Creo que es necesario recuperar esa comunidad política, esa comunión entre hermanas y hermanos, esa unidad vecinal, desde los barrios, desde las gentes de las pedanías, los pueblos y donde sus obras sean de verdad testimonio y referente del camino que nos toca construir en comunidad, algo que ya señalaba muy acertadamente Jesucristo en el Evangelio:

“Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”  Mateo 18: 20.

Unidad de la gente: Pueblo, pueblo y pueblo frente a esa mafia del PPSOE que no le afectan los recortes y que han secuestrado las instituciones a la gente. Frente a esas elites de supuestos dirigentes y/o representantes que se han emancipao’ en parlamentos, escuelas, empresas e iglesias. Se han emancipao’ de sus bases, del pueblo, de la gente.

Estas elites no tienen más patria que su dinero. La patria es el pueblo. La patria es la gente. Esa gente que participa y constituye unida el “diseño colectivo de la ciudad”, como decía Julio Anguita. Eso es la política (politeia). La unidad de todas y todos en la siembra cotidiana y colectiva de la realidad, del día a día. Eso es la vida.

Como ya decía Miguel Hernández en un poema que dice así:

Canción última:

“Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

 

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa
con su ruidosa cama.

 

Florecerán los besos
sobre las almohadas.

 

Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

 

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

 

Será la garra suave

 

Dejadme la esperanza”.

 

Es una esperanza. Una actitud de decir basta, se acabó. No soporto esta realidad miserable. Este dolor, esta ausencia de amor, de diálogo y de voluntad para transformar la sociedad.

Pero no es un cambiar de zapatos, no es un cambio de estantería. Es cambiar la forma de caminar, es cambiar la habitación entera.

¡Sí se puede, compañeras! Cambiemos Orihuela. ¡Adelante!

Álvaro Gil Martínez.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *